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LOS
PIONEROS
En
la década de los 50, las distintas hermandades comenzaron a sustituir
en sus pasos, los varales por chasis de autos, los costaleros
por empujadores y los capataces por conductores, y así a finales
de los 60, ya sólo quedaba un paso a hombros en nuestra Semana
Santa y éste era el de la Hermandad del Ecce Homo, que mantenía
así su tradición inmemorial.
Esta
transformación se debió especialmente a la carencia y carestía
de los costaleros, más bien cargadores de pasos, los cuales cobraban
un jornal por sacar los distintos tronos a la calle, y que en
alguna ocasión ocasionaban más de un problema al querer cambiar
las condiciones económicas de salida en mitad del recorrido.
Esta
problemática también afectaba a la Hermandad del Ecce Homo, que
se mantuvo firme en continuar con la tradición de llevar el paso
a hombros, lo que suponía un empeño cada vez más difícil, y en
esta situación se llegó al año 1970.
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Había
tenido lugar una reunión, en la que se planteó la necesidad de
poner ruedas al paso, por ser cada vez más difícil encontrar hombres
para sacarlo. Por entonces, se le pagaba a cada porteador la cantidad
de 100 pesetas, jornal de un trabajador eventual, y al capataz
300 pesetas, en total el coste de la cuadrilla de hombres era
de 3.500 pesetas. La idea era hacer el gasto de una vez y para
siempre, es decir, asumir el coste de acoplar un chasis al paso,
y no tener que pagar jornaleros, ni buscarlos nunca más. Dado
que numerosos hermanos no estaban de acuerdo con este planteamiento,
se pospuso para el año siguiente el acuerdo de hacerlo.
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Así, ante el
rumor de que Pilatos iba a ser mecanizado, y con el fin de evitarlo,
un grupo de jóvenes decide ofrecerse a la Hermandad de forma
desinteresada para sacar el paso a hombros. Buscada la cuadrilla,
que estaba formada por amigos, deciden que José María Abenza,
que estaba estudiando en Sevilla, fuese el que dirigiese todo
aquello, que fuese el capataz.
Una representación del grupo recién
formado, se entrevistó con el Hermano Mayor, Vicente
Castillo Serrano, al que se le expuso
el que estaban dispuestos a sacar el paso ellos solos. Tras una
serie de conversaciones, la Hermandad accedió.
El
paso se encontraba en Santiago, al fondo de la nave del Evangelio,
y detrás de la Santa Cena, por lo que sólo pudieron meterse debajo,
y días después, ya en Semana Santa, al haberse movido el paso
de la Santa Cena, permitió evolucionar con el paso dentro de la iglesia.
El Miércoles Santo sacaron el paso a la calle, por la calle Ángel,
Plaza de Agustín Salido y Altagracia, volviendo por el mismo recorrido
a la iglesia. Fue entonces cuando se dieron cuenta de que aquello
funcionaba, y les ilusionó aún más la idea de sacarlo ya al día
siguiente en procesión.
Y
así, llegó el Jueves Santo, y ante la admiración popular, se
logró completar todo el recorrido, y el paso de la Hermandad del
Ecce Homo (Pilatos), llegó a Santiago llevado a hombros por
jóvenes costaleros voluntarios en una demostración de coraje y
pundonor.
Como homenaje
a aquellos jóvenes, éstos fueron los integrantes de la primera cuadrilla:
Capataz:
José María Abenza Corral
Costaleros:
Francisco Violero, Carlos López, Juan González Villén, Fernando
Antequera Giner, Vicente Oliva, Alejandro Alcañiz, Guillermo Ramírez,
Marcelino Abenza Corral, Ángel Calvillo, José Luis Vázquez, Manuel
Collado, Juan Antonio Cantos, Luis Enrique López Moreno, Francisco
Peña, Luis Ramírez, Ángel Mora, Gregorio de la Peña, Conrado Carretero,
Rafael López León, Francisco García, Arturo Puig, Ángel Vera,
Miguel Víctor, Fernando Arévalo Ruiz, Francisco Holgado, José
Luis Ruiz Muñoz, Carlos Robledo, Félix Rubio, Carlos Ortega, Ramón
Ramírez de Verger, Luis Enrique Fernández Balbuena, Ramón Yébenes,
José Ramón Díez, Javier Ruiz Abad.
Tambores:
Luis Castillo y Manuel Peláez.
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